Ilustraciones eróticas realizadas en 1892 por el pintor e ilustrador francés Paul Avril - "Edouard-Henri Avril (1843-1928)" para la edición francesa del libro "Sonetos Lujuriosos de Pietro Aretino (Les Sonnetts Luxurieux). Pinchar sobre ellas para mayor resolución.
Edouard Henri Avril fue un pintor francés del siglo XIX famoso por sus
ilustraciones de libros eróticos, conocidos en su época como literatura
galante. Henri Avril era conocido con el pseudónimo de Paul Avril, ya
que ese tipo de literatura no dejaba de ser un tabú social. Este tipo de
publicaciones no se vendían de manera pública sino que se
comercializaban mediante una suscripción que garantizase la
confidencialidad, e iban destinadas a un público formado y culto.
Poeta italiano, nacido en Arezzo. Desterrado de su ciudad natal por haber escrito un soneto satírico sobre las indulgencias papales, se trasladó a Roma, donde se ganó el favor del papa León X por su brillantez e ingenio. Las sátiras maliciosas de Aretino le ocasionaron muchos enemigos, que consiguieron obligarle a dejar Roma cuando publicó unos sonetos lascivos. Fue apoyado durante un tiempo por el mecenas italiano de las artes Giovanni delle Bande Nere. En 1527 Aretino se estableció en Venecia. Conocido como -el azote de los príncipes-, fue temido por los que querían evitar que los ridiculizase y halagado por los que deseaban ganarse sus favores. Entre los gobernantes que le protegieron estaban el emperador Carlos V y el rey Francisco I de Francia. Las obras poéticas de Aretino incluyen cinco comedias y una tragedia. Entre ellas La cortesana (1534), El coloquio de las damas (1534) y El Filósofo (1546).
Soneto I
(Un poeta recita a su amada bellos versos,
hasta que ésta, furiosa, reclama menos palabras y más hechos)
Amémonos sin tasa ni medida
puesto que para amar hemos nacido
adora mi gorrión cual yo tu nido
pues sin ellos ¿valdría algo la vida?
Y si aún luego de ésta extinguida
fuese posible amar, bien querido,
a gritos pediría el bien perdido
para seguir gozándote todavía.
Gocemos cual lo hizo regiamente
la primera pareja de mortales
bien aconsejados por la serpiente.
Que nos perdieron por amar, se dice
blasfemia son dichos tales
que sólo a quién no ama satisface.
-Pues calla y ama y también, ¡castigo!
Calla y méteme hasta los pendones
jueces de amor y del amor testigo.
puesto que para amar hemos nacido
adora mi gorrión cual yo tu nido
pues sin ellos ¿valdría algo la vida?
Y si aún luego de ésta extinguida
fuese posible amar, bien querido,
a gritos pediría el bien perdido
para seguir gozándote todavía.
Gocemos cual lo hizo regiamente
la primera pareja de mortales
bien aconsejados por la serpiente.
Que nos perdieron por amar, se dice
blasfemia son dichos tales
que sólo a quién no ama satisface.
-Pues calla y ama y también, ¡castigo!
Calla y méteme hasta los pendones
jueces de amor y del amor testigo.
Soneto XI
(Una pareja dialoga sobre
sus deseos)
Separa bien los muslos, alma mía
que quiero bien de cerca ver tu rosa
¡Oh, suavísimo vello! ¡Oh, rica cosa!
¡puerta de mi ilusión! ¡Miel! ¡Ambrosía!
Un capricho me llena de alegría;
voy a comerme fruta tan golosa;
me volveré y seré treta graciosa
pues a tu boca irá mi mercancía.
-¡Que me aplasta! ¡Aguarda! ¡Ay, mi pecho!
Jamás tan cerca vi verga tan tiesa
Mas juro que he de dejarte satisfecho.
-¡Hola al cabrón! ¡Miren la permuta!
El lame en el panal como en barbecho
y ella cree que la verga es una fruta
-¿Vieja, quieres aquí poner tu morro?
-Hijo no me pongáis los dientes largos
que tan sólo de veros ya me corro
que quiero bien de cerca ver tu rosa
¡Oh, suavísimo vello! ¡Oh, rica cosa!
¡puerta de mi ilusión! ¡Miel! ¡Ambrosía!
Un capricho me llena de alegría;
voy a comerme fruta tan golosa;
me volveré y seré treta graciosa
pues a tu boca irá mi mercancía.
-¡Que me aplasta! ¡Aguarda! ¡Ay, mi pecho!
Jamás tan cerca vi verga tan tiesa
Mas juro que he de dejarte satisfecho.
-¡Hola al cabrón! ¡Miren la permuta!
El lame en el panal como en barbecho
y ella cree que la verga es una fruta
-¿Vieja, quieres aquí poner tu morro?
-Hijo no me pongáis los dientes largos
que tan sólo de veros ya me corro
Soneto XVI
(Una pareja, ardiendo de deseo, rodeada de hijos; el marido medita sobre la posibilidad de embarazar a su mujer)
No llores, nene mío, tenla quieta,
tu métemela toda sin cuidado,
dame también la lengua, bien amado,
y avívame el hornillo con tu teta.
-Puesto que así lo quieres loca, sea,
anda, vuélvete del otro lado.
-Cuando me digas qué hacer de grado
pero, duérmete niño. Que más sea.
Mecer, cantar, coger, que maravilla
son tres cosas que a un tiempo ejecuto
cual si fuese la cosa más sencilla.
Esto es aprovechar las ocasiones
una mano en mi pipa, el pie en la cuna,
la otra acariciando los cojones.
¡Pero no te retires que me viene!
-Es que te haré otra tripa de seguro.
-Aunque me hagas cuarenta, ¡reviene!
tu métemela toda sin cuidado,
dame también la lengua, bien amado,
y avívame el hornillo con tu teta.
-Puesto que así lo quieres loca, sea,
anda, vuélvete del otro lado.
-Cuando me digas qué hacer de grado
pero, duérmete niño. Que más sea.
Mecer, cantar, coger, que maravilla
son tres cosas que a un tiempo ejecuto
cual si fuese la cosa más sencilla.
Esto es aprovechar las ocasiones
una mano en mi pipa, el pie en la cuna,
la otra acariciando los cojones.
¡Pero no te retires que me viene!
-Es que te haré otra tripa de seguro.
-Aunque me hagas cuarenta, ¡reviene!









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